Una vez terminada la reunión, Eva fue felicitada por la unión con tan flamante hombre. Ella se sentía aturdida, realmente no, entendía bien quién era Alejandro para todas las personas ahí reunidas, pero algo sí tenía claro: él no era lo que aparentaba ser en México.
Si bien, allá, era un reconocido empresario, solo era eso en un mar de ciudad, pero aquí, todos parecían rendirle pleitesía, era como si fuese el salvador de aquella compañía.
Eva, cuando menos lo esperó, sintió una mano posarse en