Esa misma noche, Eva ya estaba en el apartamento que por unos días había compartido con Alejandro, se sentía como una completa extraña, no era la misma sensación de calidez que cuando estuvo ahí por primera vez. No sabía si acomodar sus cosas o no, sabía poco de los planes de quien ahora era su esposo, pero algo le había quedado claro con la charla con su suegro, tenía mucho en riesgo.
Tratando de que todo esto no le afectara, tomó un baño, recordó las palabras de Alejandro, que no lo esperara,