9. Besos de azúcar
Emilia Díaz
El auto se detuvo suavemente en el estacionamiento del antro. Desde el interior, las luces neón parpadeaban con intensidad, tiñendo la noche de tonos vibrantes de azul, púrpura y rojo. A lo lejos, se escuchaban los graves retumbantes de la música electrónica que escapaban por las puertas entreabiertas.
Esteban salió primero y, con un gesto elegante, abrió la puerta de mi lado, extendiendo su mano para ayudarme a bajar. Sus dedos eran cálidos contra mi piel, pero su expresión permane