42. Una promesa
Emilia Díaz
Decidí hacer un sacrificio.
Siempre fue él. Ahora lo recordaba con claridad.
Cuando mamá y yo llegamos a la residencia de los Duarte, él fue lo primero que llamó mi atención. Su mirada me hipnotizó, y al mismo tiempo, me llenó de miedo. Era un completo desconocido para mí, pero su presencia me impactó de una forma que, en aquel entonces, no supe comprender.
La noche, antes de marcharse al extranjero, lo escuché gritarle a mamá.
"Tú jamás sustituirás a mi madre."
Sus palabras quedaro