31. Una noche especial
Álvaro Duarte
Me recosté en la silla mientras colgaba el teléfono y dejaba escapar un suspiro, uno de esos que vienen cargados de paz. El restaurante había confirmado. Todo seguía tal como lo había planeado.
Por un momento, esta mañana, lo dudé. Pensé que lo correcto era cancelar… que lo más prudente, tras la muerte de Damiana, era dejarlo pasar. A pesar de todo lo que hizo y de que alguna vez llegué a sentir que la odiaba, no deseaba que Emilia pasara por el sufrimiento de perder a su madre,