30. Mi hijo
Narrador omnisciente
El tráfico de la ciudad era un caos habitual, una sinfonía de bocinas y motores impacientes. Esteban tamborileaba los dedos sobre el volante, sumido en sus pensamientos, cuando algo captó su atención. A unos metros adelante, en el carril contrario, reconoció el auto de Gael. Lo observó con el ceño fruncido, ladeando la cabeza con suspicacia.
Su mirada se volvió filosa cuando, desde su ángulo, alcanzó a distinguir a Emilia en el asiento del copiloto.
—¿Qué demonios…?
Un fueg