Capítulo 11: Decisiones.
—¿Padre?
La presencia de Anezka llenó la habitación como cálido rayo de sol en medio del invierno. Ella era delgada como junco, de facciones suaves y el cabello castaño de su madre, con esos ojos verdes y suaves que la hacían parecer tan delicadamente primaveral.
«Todo lo contrario a Kallias,» pensó Connak. Su niño era más como él, de mirada feria y lengua dura, un bonito envoltorio que encerraba el alma de un guerrero.
—¿Cuánto tiempo durará el silencio en esta casa? —preguntó Anezka, tomando