El silencio dentro de la habitación fue absoluto.
Victoria dormía nuevamente abrazada a Emilia, ajena al horror que acababa de abrirse frente a ellos.
Pero Adrián sintió un escalofrío recorrerle completamente la espalda.
—¿Qué niña?
Emilia tragó saliva lentamente.
Las manos seguían temblándole mientras observaba la vieja llave oxidada.
317.
El número parecía perseguirla ahora.
—Yo tenía nueve años…
La voz salió distante.
Como si estuviera entrando en recuerdos que llevaba enterrados demasiado t