Las palabras quedaron suspendidas en el aire como una condena.
“Yo sería la siguiente.”
El corazón de Adrián comenzó a latir violentamente.
Porque ahora todo tenía un significado mucho más oscuro.
Las fotografías.
La vigilancia.
Los años de obsesión.
Samuel no apareció por casualidad en la vida de Emilia D’Aramont.
La había estado observando desde que era una niña.
El miedo comenzó a llenar lentamente la habitación del hospital.
Y Emilia parecía quebrarse más con cada recuerdo que regresaba.
—N