El hospital estaba en silencio.
Un silencio extraño.
Pesado.
Como si incluso las paredes entendieran que demasiadas cosas habían cambiado esa noche.
Emilia permanecía sentada junto a la cama de Adrián mientras observaba el monitor cardíaco marcar cada latido lentamente.
Constante.
Vivo.
Gracias a Dios.
La cirugía había durado horas.
Horas eternas donde creyó perderlo más de una vez.
Y ahora finalmente estaba ahí.
Dormido.
Pálido.
Con vendas rodeando su abdomen y el brazo conectado a sueros.
Per