El puente seguía derrumbándose detrás de ellos.
Las explosiones iluminaban la lluvia mientras Adrián cargaba a Victoria con un brazo y sostenía a Emilia con el otro, alejándolos desesperadamente del caos.
Todo olía a humo.
Metal.
Muerte.
Pero él apenas podía pensar.
Porque la imagen de Mauricio desapareciendo bajo el agua seguía repitiéndose brutalmente en su cabeza.
Y también la voz de Amelia.
> “Te amé incluso cuando intentaba dejar de hacerlo.”
El pecho le dolía más que la herida.
Mucho más.