En el coche, Rafa se sentía extraña, al lado de Tácio. Hacía tanto tiempo que no conversaban nada, que ella no conseguía decir siquiera una palabra.
—Perdón por tardar —dijo Tácio rompiendo el silencio incómodo que estaba alojado allí.
—No tardaste —respondió ella.
—¿Cómo que no? Apenas saliste de tu trabajo y ya había un tipo coqueteando contigo.
La frase de él hizo que una leve sonrisa saliera de los labios de ella.
—Él no estaba coqueteando conmigo. Ese es mi jefe.
—¿En serio? —la miró por unos segundos antes de volver la atención al tráfico. —Pensé que era un idiota que te estaba molestando. Casi me bajo del coche para confrontarlo.
Había algo en el tono de voz de él. Por más que habían pasado años, Tácio no parecía afectado con la distancia entre los dos. Él parecía la misma persona de siempre. Con la misma intimidad de siempre.
—Menos mal que no hiciste eso. No me gustaría que ofendieras a mi jefe —sonrió bromeando.
—No me digas que te pondrías de su lado, Rafa. Yo fui tu jefe p