En el coche, Rafa se sentía extraña, al lado de Tácio. Hacía tanto tiempo que no conversaban nada, que ella no conseguía decir siquiera una palabra.
—Perdón por tardar —dijo Tácio rompiendo el silencio incómodo que estaba alojado allí.
—No tardaste —respondió ella.
—¿Cómo que no? Apenas saliste de tu trabajo y ya había un tipo coqueteando contigo.
La frase de él hizo que una leve sonrisa saliera de los labios de ella.
—Él no estaba coqueteando conmigo. Ese es mi jefe.
—¿En serio? —la miró por u