Era incorrecto decir aquello, especialmente porque la idea de ver a Tácio nuevamente la dejaba inquieta. Temía que sus sentimientos por él pudieran resurgir, aún más ahora que estaba embarazada de otro hombre. Pero las provocaciones indirectas de Ethan la ponían nerviosa; parecía que él siempre quería demostrar superioridad, como si necesitara afirmarse. No es que no fuera atractivo, pero Rafaela no tenía sentimientos por él y necesitaba dejarlo claro.
—¿Entonces tu viaje no fue en vano? —preguntó él, acomodándose en la silla.
—Claro que no —respondió ella, riendo levemente. —Me gustó mucho haber ido hasta allá. Siento que fue obra del destino.
—¿Destino? —rió él con desdén. —Cuánta tontería.
—¿El señor no lo cree? —ella lo desafió.
—Creo que esas cosas son una gran pérdida de tiempo —replicó él.
—Yo no pienso así. A veces pienso que existen personas destinadas a encontrarse, que terminan cruzándose en el momento correcto. —Sus ojos brillaron al decir eso, recordándose de historias co