Kash caminaba de un lado a otro detrás de la columna más alejada con los brazos cruzados como un Alfa en miniatura que planeaba una guerra.
Christian estaba sentado en el piso, apoyando la espalda contra la pared, con el ceño tan apretado que parecía un adulto frustrado.
—No podemos decirle nada a mamá—susurró Kash—. Ni una palabra sobre la cueva, ni sobre... él. Y ahora esto que está pasando con Maverik tampoco me gusta.
Klarissa lloraba en silencio, sin hacer ruido, con lágrimas enormes resbal