—Hija... —la voz temblorosa de Aisha rompió esa tensión invisible que la rodeaba.
Katherine parpadeó, tratando de recomponer su rostro, intentando ahogar esa sensación absurda que aún le erizaba los brazos.
—Mamá...
Aisha avanzó con expresión culpable y los ojos brillantes de preocupación y vergüenza.
Sus manos se entrelazaban nerviosas.
—Yo... quiero disculparme, Katherine —dijo con un susurro—. Pensé que ya habías hablado con los niños. Pensé que estabas lista por lo que Maverik me dijo cuando