Evidentemente él no se esperaba aquello.
Por un instante Cassian se quedó inmóvil, aturdido.
Había esperado que después de reclamarlo, Katherine se fuera con él de buena gana en busca de sus cachorros pero ante la firmeza de su voz y la petición que acababa de hacer, no sería así.
Su mano seguía en el vientre de su hembra y de repente algo extraño sucedió.
Katherine sintió que un calor familiar rugió en sus venas, su poder. El don del tiempo que había estado dormido por años, desde que escapó de