Maverik apareció entre los árboles, corriendo preocupado.
—¡Katherine! —gritó deteniéndose abruptamente al verla.
La miró aliviado antes de caminar hasta ella y hacerla levantar del suelo.
El rubio alzó su mentón mirando su rostro con un deje de preocupación y desesperación genuina, entonces le habló con voz suave.
—¿Estás bien?
—Estoy... bien... —susurró ella, tratando de calmar la respiración.
No le gustaba nada que él la hubiera encontrado.
—Gracias a la Diosa Luna... —dijo Maverik—. Estás