Cassian no habló.
No preguntó.
No dudó.
El lobo en él emergió de golpe, un rugido brutal resonando desde lo más profundo. Katherine se quedó paralizada al verlo, su aura, su poder, su capacidad de destrucción contenida en cada músculo, cada gesto, cada mirada. Era imposible no percibirlo.
Cassian derribó al macho con una fuerza que hizo temblar el suelo.
—¡Nunca! —gruñó él—. ¡Nunca toques lo que es mío!
Katherine retrocedió, horrorizada y fascinada.
La furia y el poder de Cassian la hicieron te