La caminata fue larga y tensa.
Ninguno de los dos dijo nada más.
Katherine dejó de luchar, solo respiraba cada vez más rápido sin saber qué iba a pasar con ella, Cassian la intimidaba, su agarre firme prometía algo peligroso.
Cuando por fin llegaron a la casa, Cassian no se detuvo, se dirigió a la cavarana de su manada, ignorando las miradas de los machos que estaban a su alrededor.
Nadie se atrevió a decir nada.
—Abre la puerta —gruñó a su Beta—. Ordena a todos mis hombres, vamos de vuelta a l