Maverik palideció aún más, si eso era posible. Sus manos temblaban visiblemente y el olor a miedo se hizo tan intenso que ni siquiera lo pudo controlar.
—Tú lo sabías... —balbuceó—. Todo este tiempo...sabías que vendría por ella.
Cassian ladeó la cabeza y su sonrisa se ensanchó.
DÍAS ATRÁS:
—La daga que se llevó no es la que me selló —dijo en voz baja casi como si estuviera compartiendo un secreto divertido—. Es una réplica perfecta. La misma hoja, el mismo mango, el mismo peso pero sin el poder