Los dos hombres chocaron las copas y el sonido metálico resonó más de lo necesario.
Katherine sintió el pulso en su garganta.
No sabía si temblaba por rabia, por miedo o por la presencia de ambos.
Cassian se inclinó hacia ella mientras las conversaciones retomaban su curso a la hora de la cena.
Todos parecían satisfechos con lo que habían hecho, ya habían firmado aquella ley que Cassian había permitido.
El macho la guiaba entre los invitados y ella debía seguir fingiendo obediencia, casi sumis