—¿Perdón? —su voz se quebró apenas solo para Cassian—. ¿“Corregir”? ¿Es eso lo que propones? ¿Encadenarnos?
Cassian no la miró.
Ni siquiera giró la cabeza hacia ella.
Los ancianos asintieron satisfechos murmurando entre ellos.
El alivio era claro en sus rostros.
Katherine sintió una punzada en el pecho.
No podía creer lo que estaba oyendo.
¿Ese era Cassian?
¿El mismo macho que acababa de cuestionar a todo un consejo…Ahora estaba cediendo?
—Esa es una respuesta sabia —dijo el anciano principal,