El deseo explotó entre ellos, años de soledad, de sueños traicioneros, de anhelar su toque oscuro. Gimió contra su boca, sus caderas moviéndose instintivamente contra él, buscando más, perdiéndose en el calor brutal que los consumía.
Pero entonces la realidad la golpeó. Avergonzada de su poco control, de como se rendía tan fácilmente incluso con el mundo detenido a su alrededor, lo apartó con un empujón desesperado. Sus labios estaban hinchados y su respiración entrecortada, su cuerpo tembló de