El eco de su declaración resonó cargado de posesión, de instinto, de algo tan antiguo como un vínculo no completado. Su loba rugió en su interior, satisfecha, posesiva, mostrando los colmillos en una advertencia silenciosa que todos los presentes sintieron.
Era evidente.
Nadie podría luchar contra una conexión de compañeros, Kieran y Kian lo sabían de antemano pero aún así se quedaron congelados con los ojos azules abiertos en aturdimiento. Asher, por primera vez, perdió su silencio habitual,