—¡No! ¡No lo hagan sangrar más! —suplicó Katherine con la voz quebrada luchando contra Asher que la retenía con firmeza sin hacerle daño—. Por favor... no quiero que nadie salga herido.
Cassian ladeó la cabeza hacia ella, ignorando los gruñidos de los tres machos que no entendían porqué Katherine estaba defendiendo a ese desconocido.
Cassian se pasó la lengua por el corte con deliberada lentitud, captando el sabor metálico de su sangre y sonrió satisfecho, como si cada golpe que recibía solo con