Adhara apenas había terminado de tomar la infusión que la curandera le había dado cuando la puerta se abrió de golpe.
Amarok entró a la habitación con el rostro endurecido por la preocupación y la furia de no haber protegido a su cachorra.
Detrás de él venía Devanie quien la observó con los ojos cargados de alivio al ver a su hija.
—Adhara...
Amarok se acercó en dos zancadas y la envolvió en un abrazo protector, casi demasiado fuerte.
—Mi princesa... ¿Estás bien? Dime que estás bien.
—Estoy bi