Adhara abrió los ojos lentamente, parpadeando varias veces contra la luz suave que entraba por una ventana.
Su cabeza se sentía pesada y un dolor latía en su cuello donde la habían pinchado.
—¿Dónde...? —murmuró con voz ronca intentando incorporarse.
El movimiento le provocó un mareo inmediato lo que la hizo volver a recostarse contra las almohadas con un gemido bajo.
No estaba en su habitación, eso era obvio.
Las sábanas olían diferente, la madera de las paredes era más oscura y el aroma que