Adhara asintió contra su pecho experimentando el cosquilleo en su vientre no solo de deseo forzado, sino por escuchar las palabras del macho.
Ella lo admiraba por su control admirable y sobretodo la conmovía que estuviera protegiéndola de aquella manera.
Adhara apretó los dientes mientras lo que sea que le hubieran inyectado enviara una violenta oleada de calor por su columna vertebral.
Estaban unidos contra el mundo, resistiendo lo irresistible.
Stephano sintió que el hilo de su cordura se ten