—Quédate detrás de mí—ordenó aunque sabía que ella no obedecería del todo.
El primer guardia no tuvo tiempo ni de levantar el arma, desorientado con la oscuridad.
Stephano se movió y el crujido del cuello del humano resonó, después de ese el cuerpo cayó al suelo.
Adhara se lanzó hacia adelante con una velocidad asombrosa. Su loba, de manera letal, no necesitaba transformarse pero le otorgó sus reflejos y su sed de sangre.
De un salto, se impulsó en la pared y cayó sobre otro hombre que se habí