Él sabía que debía ser él quien mantuviera el control, después de todo, a lo largo de estos años lo había hecho muy bien, sin embargo, los efectos de la droga cada vez dolían más y estaban desquiciándolo.
La mano de Stephano se enredó en el cabello de Adhara con una mezcla de desesperación y adoración. Sus nudillos estaban blancos por el esfuerzo sobrehumano de no dejar que sus instintos tomaran el control total de su cuerpo.
Sus ojos ahora estaban carentes de pupilas, pero aún así, se clavaro