MINUTOS ANTES:
Había salido de su casa furioso.
Cassian caminaba entre el bosque sin prisa pero con el cuerpo tenso y los sentidos alertas como un arma.
La noche era gélida y no había luna, solo un resplandor velado detrás de las nubes. Cada paso suyo era un cálculo, cada respiración una medida exacta de lo que debía contener.
El rastro de Katherine se extendía como una línea de fuego invisible. Podía olerla incluso a kilómetros, su aroma no era como el de ninguna otra hembra.
Su aroma maldito,