La habitación estaba en penumbras.
Adhara dormía en la cama grande, cubierta solo con una fina sábana que se había enredado alrededor de sus piernas.
Su cabello negro se extendía sobre la almohada como una cascada oscura, su pecho subía y bajaba con respiraciones agitadas.
Era la imagen exacta de la belleza femenina.
Stephano se quedó en el umbral incapaz de dar un paso más ni de retroceder.
El corazón le latía con una fuerza brutal, cada respiración que tomaba estaba cargada del aroma de el