La marca despierta.
Lía
No sé qué esperaba encontrar cuando la noche cayó sobre Kaelor, pero no era a Kael apoyado en el marco de mi puerta, con el rostro tenso y la marca brillando débil bajo su piel. Siempre mantenía distancia. Siempre, pero esa noche no lo hizo.
—Voy a quedarme aquí —dijo sin rodeos.
No pregunté por qué. Ya lo sabía.
Dalan había estado conmigo todo el día, demasiado cerca, demasiado atento, y Kael… no lo había soportado.
—Puedes dormir en tu habitación —respondí, cruzando los brazos.
—No voy a hacerlo.
Su tono no era duro, era… vulnerable. Y eso me desarmó.
Entró, cerró la puerta con suavidad y caminó hacia mi cama con pasos contenidos, como si cada uno fuera una decisión peligrosa.
—No quiero que estés sola —añadió— no después de lo que pasó.
No había sombra esta vez. No había criatura. No había amenaza visible. Solo mi marca palpitando desde que escuché su voz.
—Está bien —murmuré, moviéndome a un lado de la cama— quédate.
Kael dudó un segundo. El Alfa Maldito, dudando frente a mí.