El guardián y el intruso.
Lía
El dolor no empezó en la piel, sino más profundo, como un latido roto que subió desde la marca hasta mi pecho. Me incorporé tan rápido que la habitación giró. Kael me sostuvo antes de que cayera.
—Lía. Mírame. ¿Qué sientes?
No podía responder, La marca ardía, vibrando como un corazón ajeno intentando abrirse paso. Kael me tomó por los hombros, acercándome a él.
—Respira conmigo —ordenó, firme, pero temblando.
Lo intenté.
Pero el tercer pulso me dobló el cuerpo, haciéndome caer de rodillas s