El departamento de Adrian se sentía esa noche como una caja de cristal suspendida sobre un abismo de luces de neón. Tras el almuerzo con Mara y el tenso intercambio en el campus, el silencio de su hogar debería haber sido reconfortante, pero para Adrian, era una cámara de eco donde su propia lógica empezaba a fallar.
Se quitó la chaqueta y la arrojó sobre el sofá de cuero negro. Sus movimientos seguían siendo precisos, dictados por el entrenamiento de la Orden, pero el dolor en su sien se hab