Pov Leina
Mis lágrimas estaban allí, sin dejar de fluir. Ella solo me sonrió y tomó una pequeña botella escondida debajo de la cama, pasándola de un solo trago.
Su cuerpo cayó hacia atrás, sus venas volviéndose azules y la sangre saliendo desde sus orejas, nariz y boca.
—Por favor, no, debes parar —supliqué, cayendo de rodillas sin poderlo evitar más. Quería apartar la mirada, pero, al igual que mis pies, no podía.
—Lo siento, Leina, de verdad.
Regresé de nuevo al punto de inicio. Esta vez