Pov Leina
No entendía dónde estaba, qué era este lugar; parecía la casa de una de esas curanderas que viven a mitad de la nada.
Escucho voces acercarse, la de dos mujeres y un hombre. La puerta se abre y entra primero la curandera y más atrás…
—¿Mamá…?
Di un paso adelante sonriendo; esta es la primera vez que la conozco más allá de las pinturas. Las lágrimas se acumulan en mis ojos, amenazando con caer.
Ella se sienta al frente de la curandera, que comienza a examinarla. Mi padre está just