—Me da gusto ver que estén creciendo —dijo Lena allá abajo mientras acariciaba uno de los pétalos de las rosas que apenas iban floreciendo—. Aunque sigo sintiendo que el aire pesa demasiado aquí. Por lo menos ustedes no tienen que aguantar al monstruo del ala este.
Kerem detuvo la grabación sin pensarlo. No por la ofensa —que la era—, sino por la frialdad con la que la había pronunciado. Un “monstruo”. Así lo llamaba.
Sintió una punzada. Solo una reacción visceral, un malestar que no supo si era