La casa de Celeste Lancaster en Maifer, Londres, siempre había sido el reflejo de lo que ella misma proyectaba: elegancia fría y un orden tan impecable que bordeaba en lo asfixiante. Todo estaba dispuesto con un rigor exasperante: los floreros con lirios blancos recién cortados, los cojines alineados con exactitud sobre el sofá de terciopelo azul marino, los marcos dorados colgando en perfecta simetría sobre la pared. Aquella mañana, sin embargo, la perfección de la sala parecía un simple escena
Lunita Karo
detesto tanto a ese par de arpías. Si quieren saber que más está sucediendo, estense atentas a los capítulos que hoy habrá varios.