—¿Estás segura? —murmuró Kerem, su voz ronca, apenas un susurro, como si temiera romper la delicadeza de ese momento. Deseando escuchar una vez más lo que Lena estaba pidiendo.
Pero Lena no respondió con palabras.
Tomó su mano con suavidad, sus dedos delgados rodeando los suyos, y lo atrajo hacia ella. La cercanía entre ambos se volvió insoportable. Sus respiraciones chocaban. Sus cuerpos hablaban en un idioma que ya no entendía de dudas, sino de hambre.
Lena estaba sentada sobre la cama y Ke