El sol de la tarde teñía los pasillos de la universidad con un brillo dorado. Lena caminaba con paso rápido, sujetando los libros contra su pecho y el cabello recogido en un moño improvisado. Había aprendido a llegar siempre unos minutos antes a clase, a ocupar su lugar cerca de la ventana, donde el aire corría más suave y la luz no la deslumbraba tanto.
Aquel día era especial. No porque algo distinto ocurriera, sino porque había pasado ya tres semanas desde que Kerem había terminado con su ci