El médico ajustó la lámpara frente al rostro de Kerem y revisó con precisión cada movimiento de sus pupilas. Los destellos de luz lo obligaban a parpadear seguido, y aunque al principio era incómodo, había algo diferente esta vez.
—Siga mirando hacia arriba… ahora a la izquierda —indicó el doctor con voz calma.
Kerem obedeció, sintiendo la presión leve del aparato contra su mejilla.
El médico retrocedió un poco, bajando el instrumento. —Vamos a hacer otra prueba más, señor Lancaster. Quiero