—No te escucho… —la voz de Kerem cortó el aire como una daga. Había estado en su habitación tratando de conciliar el sueño hasta que escuchó los gritos de Odelia.
Aquel enojo que había mantenido durante toda la tarde parecía haberse calmado, hasta que escuchó a Odelia expresarse de esa forma de Lena. Su pecho subía y bajaba descontrolado. Con una rabia creciente, la misma que sintió aquella vez, cuando fue su madre quien se atrevió a levantarle la voz a la joven.
—. Repite lo que dijiste —soltó