Lena caminaba unos pasos detrás de él, observándolo en silencio mientras cruzaban el pasillo hasta el despacho. Kerem no necesitaba guía. Su andar era seguro, cada paso medido, conocía el camino de memoria y lo demostraba con cada paso.
Conocía cada rincón de esa casa como si los muros le hablaran. Su presencia era imponente incluso sin verla. Lena tragó saliva cuando él empujó la puerta del despacho con la palma abierta y caminó hasta el escritorio de madera oscura, deteniéndose justo frente al