Lena resopló suavemente al sentarse. La mesa era demasiado grande para ella. Se sentía pequeña, como si la magnitud de aquel comedor no solo estuviera hecha para cuerpos más altos, sino para personas con una vida muy distinta a la suya. Todo era antiguo, perfectamente pulido, cubierto con ese velo de opulencia que la hacía sentir ajena. Se acomodó en el borde de la silla, con las manos entrelazadas en el regazo y los hombros algo encorvados. Estaba sola.
Hasta que escuchó pasos descendiendo po