El vestido blanco de Lena se elevó lentamente, con gracia, hasta dejar sus muslos descubiertos. La tela se recogió entre sus manos, y el murmullo de la gente se intensificó al verla dar los primeros pasos dentro del recipiente de madera colmado de racimos. El jugo estallaba bajo la presión de sus pies delicados, extendiéndose con un sonido húmedo, un chasquido acompasado que pronto se volvió ritmo. El aroma de la uva madura comenzó a elevarse, fuerte, dulzón, llenando el aire de promesa y de un