La madre de Kerem había lanzado la pregunta como un látigo, y los empleados, alineados en el salón, agacharon sus rostros sin pronunciar palabra. Nadie se atrevía a contestar. No porque no supieran, sino porque todos entendían que aquello había sido una orden directa de Kerem. El único que podía permitir que Lena tuviera a la zorrita era él, y así había sido.
Lena, con el corazón acelerado al ver a Celeste, recorrió la estancia con la mirada hasta encontrar a Sombra, acurrucada y temblorosa en l