Kerem permaneció en silencio después de escuchar la fría cifra del veinte por ciento. Su cuerpo seguía rígido, la mandíbula trabada como si estuviera conteniendo algo más fuerte que sus propias palabras. Lena lo miraba de reojo, con los dedos temblando sobre la falda, porque ella jamás había visto esa parte de Kerem, esa vulnerabilidad que se plantaba en su rostro ante la idea de no poder recuperar la vista, y eso le hizo comprender mejor el porqué de su actuar cuando lo conoció. Escuchó atenta