Al entrar en la habitación de Aly sentí que atravesaba un portal hacia otro mundo, uno que era del todo ajeno a mi realidad. Su cuarto no solo era inmenso, casi tenía el tamaño de la casa en la que yo vivía, sino que conservaba la misma elaborada y fina decoración del resto de la propiedad. Las cortinas eran altas y pesadas, había una cama tamaño king en el centro, un peinador con espejo, tapetes muy finos y un enorme sofá mullido sobre el que me senté.
—Es precioso —dije todavía con la boca ab