Como había sospechado, Aly me llevó a comprar ropa. Entró a la primera tienda con el pretexto de ver una blusa que le había encantado y no tardó en decirme que me probara lo primero que viera. Aunque entendía sus intenciones, Aly ya me había dado demasiado con el iPhone. No tenía siquiera cara para recibirle más. Estaba decidida a negarme.
—Aly, por favor, no me hagas esto —dije, tomándola del brazo y casi sacándola de la tienda—. Por favor, entiendo que quieras hacer esto y que insistas en que